miércoles, 2 de abril de 2008

¿Está?

Estaba triste. Se encontraba triste y sola. La oscuridad se abalanzaba sobre la pequeña luz de su escritorio. Carcomiéndola, poco a poco. Como si una fantasmagórica nada se cerniera sobre ella. Eso le asustaba. Pero también le daba fuerzas para continuar, para enfrentarse a su eterna página en blanco. Mis ideas… son tantas… tantas que no sé, que no tengo tiempo para retratarlas. Más de una vez sintió que al escribir a mano en su diario las ideas volaban con mucha más rapidez que su mano. Incluso escribiendo a ordenador, no dejaba todos sus pensamientos perfectamente plasmados. Siempre había flecos que quedaban colgando, siempre algo se le escapaba.

Entonces recordó algo que había leído hacía tiempo en un libro que hablaba de varios libros. Como un libro de viajes que habla de otros viajes, o un libro de aventuras que narra aventuras de otros personajes. Algo tan extraño como inquietante. Recordó que las historias, lo que uno escribe, a través del vuelo de un pájaro, a través de este simple recurso estilístico, son capaces de viajar de un lugar a otro mansamente, sin brusquedad.

Por tanto, intentó dejar volar su imaginación. Su mente. Se imaginó un gran pájaro. Algo parecido a un águila, con enormes plumas marrones. Sobrevolando un bosque, con unas picudas montañas nevadas… ¡Todo es tan jodidamente idílico! Quiero que vuele, quiero cambiar. Ese mismo pájaro la llevó a un hotel. Un hotel en la playa. Un hotel de paja y cáñamo en una playa tropical. Mierda. Otra vez es idílico. ¡Basta ya!

Entonces el hombre de la gabardina gris salió del portal amarillento. Mientras avanzaba por la acera, una paloma se posó lentamente delante de él. En otra ocasión, él hubiera pasado de largo, pero se paró. La paloma le miró a los ojos. Directamente. Luego ululó. Alto y fuerte. No había nadie más en la calle. O si había, poco importaba. El hombre dejó su maletín en el suelo, junto a una papelera. La paloma manchó de mierda la acera. Acto seguido alzó el vuelo y se alejó.

Menuda mierda de imitación de Sam Shepard, pensó ella.

Sabes, al final se me fue la pinza y no supe cómo parar. No importa. Eso no importa. ¿Entonces lo publico así? ¿Tal cual? Joder, seguía triste. Bueno, quizá algo más atenuado. Más leve. Odiaba la letra ñ. La letra ñ que aparecía en cada intento de colocar un jodido acento. Sí, así está bien.

martes, 1 de abril de 2008

Lollipop



Ante posibles replicas sólo diré: Me apetecia publicarla.

lunes, 31 de marzo de 2008

El juego de la arbitrariedad

Antes de sacar conclusiones, antes de nada, decir que continuo con esta particular serie de extractos que he ido recogiendo a lo largo de mi vida literaria (de lector).


Había un grupo de personas, hombres y mujeres, viejos y jóvenes, todos vestidos con los trajes más extraños y sin hablar. En el suelo había un montón de grandes dados, y en los seis lados de cada dado había letras. Una y otra vez, aquellas personas revolvían los dados y luego los contemplaban fijamente largo tiempo.
-¿Qué hacen? -susurró Bastián-. ¿Qué clase de juego es ése? ¿Cómo se llama?
-Es el juego de la arbitrariedad -respondió Árgax. Les hizo señas a los jugadores y gritó-: ¡Bravo, muchachos! ¡Adelante! ¡No os detengáis!
Luego se volvió a Bastián y le cuchicheó al oído:
-Ya no saben narrar. Han perdido el lenguaje. Por eso he inventado ese juego para ellos. Como ves, los entretiene. Y es muy fácil. Si lo piensas, tendrás que admitir que todas las historias del mundo se componen sólo de veintiséis letras. Las letras son siempre las mismas y sólo cambia su combinación. Con las letras se hacen palabras, con las palabras frases y con los capítulos historias.
(...)
Si se juega mucho tiempo, durante años, surgen a veces, por casualidad, palabras. No palabras especialmente ingeniosas, pero por lo menos palabras. Sin embargo, si se sigue jugando cien años, mil años, cien mil años, con toda probabilidad saldrá una vez, por casualidad, un poema. Y si se juega eternamente tendrán que surgir todos los poemas, todas las historias posibles, y luego todas las historias de historias, incluida ésta en la que precisamente estamos hablando. ¿Es lógico, no?

La historia interminable, Michael Ende


¿Merece la pena escribir, cuando todo está potencialmente escrito? Quizá la escritura no es sino el arte del descubrimiento, en lugar del de la creación. Es posible. Máxime cuando cualquiera -gente que ha perdido el lenguaje- puede descubrir esas pequeñas (o grandes) joyas.

De todas formas creo que seguiré intentándolo. Como vosotros. Como todo el mundo, aunque no sea de manera intencionada. Al menos, ese es mi consuelo, me divierte. No. Me entretiene, o más bien entretiene mi mente. Lo cual no sé exactamente si es lo mismo.

Peor que pegarse un tiro en la boca no puede ser.

lunes, 17 de marzo de 2008

sábado, 15 de marzo de 2008

like a rolling stone

Cuando tu sitio está en ninguna parte. Nada es lo que era y nunca volverá a serlo.
Todo lo que me rodea es frío, es soledad. E incomodidad. Es como verlo todo a través de una gran pantalla de televisión, te cuestionas si lo que ves es real o no. Te cuestionas cuál es tu papel en este sitio… ¿Qué se supone que debes hacer? Ya no formas parte de esto, el estar aquí no es un elemento más que pase desapercibido, eres un extra que entra por unos días en la cínica vida que hay en este lugar.
Nunca volverás a ser un elemento más. Nunca.

“ How does it feel? To be on your own. With no direction home. Like a complete unknown. Like a rolling stone? ”