sábado, 12 de enero de 2008

Angustia

"La acumulación secreta de conocimientos, la extensión paulatina de ilustración y, por último, la rebelión proletaria y el aniquilamiento del Partido. Ya te figurabas que esto es lo que encontrarías en el libro. Pura tontería. Los proletarios no se sublevarán ni dentro de mil años ni de mil millones de años. No pueden. Es inútil que te explique la razón por la que no pueden rebelarse; ya la conoces. Si alguna vez te has permitido soñar en violentas sublevaciones, debes renunciar a ello. El Partido no puede ser derribado por ningún procedimiento. Las normas del Partido, su dominio es para siempre. Debes partir de este punto en todos tus pensamientos."

[...]

"Vamos a ver, Winston, ¿cómo afirma un hombre su poder sobre otro?
Winston pensó un poco y respondió:
-Haciéndole sufrir.
-Exactamente. Haciéndole sufrir. No basta con la obediencia. Si no sufre, ¿cómo vas a estar seguro de que obedece tu voluntad y no la suya propia? El poder radica en infligir dolor y humillación. El poder está en la facultad de hacer pedazos los espíritus y volverlos a construir dándoles nuevas formas elegidas por ti. ¿Empiezas a ver qué clase de mundo estamos creando?"


1984, George Orwell


viernes, 11 de enero de 2008

Tu problema lo pago yo

La siguiente joya fue publicada en XLSemanal (nº 1005, del 28 de enero al 3 de febrero de 2007):

“ES NUESTRO PROBLEMA”
¡Pero qué pesados otra vez! Qué reiterativos. Qué seguidos son estos celosos señores que año tras año se encargan de velar por que no nos engañen en las rebajas. Que si mire usted el precio anterior, que si tiene los mismos derechos en rebajas que en temporada, que si compre sólo lo que necesite y con raciocinio… ¡Ni que nos estuviésemos gastando su dinero! ¿Quién está detrás de estos machacones consejos? ¿Alguna logia anticonsumo? ¿El ministerio correspondiente? ¿Los verdes o los antisistema? ¿Quién se encarga de encajar, puntualmente y año tras año, estos rellenos de telediario? Por favor, permitan que compremos lo que nos dé la real gana, que se trata de nuestro dinero y aún seguimos teniendo derecho de gastarlo a antojo. No nos permiten fumar, engordar, comer hamburguesas, poner belenes o salirse del pensamiento único y laico. Los consumidores no somos tontos, hemos cumplido la mayoría de edad en el sistema capitalista. Sabemos lo que es el tanto por ciento. Si queremos comprar lo que nos apetezca y, además, impulsivamente, es nuestro problema. Ah, y dejen, se lo ruego, de apuntar al comerciante como presunto estafador, porque al fin y al cabo es quien hace el descuento. Y si no se fían de las rebajas, pues compren todo en temporada.

Arcadio Martínez Cobo
Sevilla

Y, como es obvio en cualquier persona con un mínimo de conciencia, no puedo quedarme indiferente. Le respondo de esta guisa:

“TU PROBLEMA LO PAGO YO”
Vamos a ver, Arcadio, “apañero”. Estas personas tan malvadas que roban minutos a la programación deportiva, o a las noticias insulsas de desgracias particulares, son miembros de asociaciones de consumidores, cuyo interés desinteresado, es que no te timen (entre otros). Porque como tú bien dices, en esta sociedad capitalista, sería muy aconsejable tener una educación consumidora; pero créeme, si realmente la tuviéramos no compraríamos nada. (Ves, yo también hago afirmaciones categóricas del tipo “los consumidores no somos tontos”, y ni siquiera se me cae la cara de vergüenza).

Lo que no es de recibo, es que critiquemos por criticar: ignorantes; eso sí, con todo el derecho del mundo a expresar nuestro ignorante parecer. Con todo, la argumentación “yo hago lo que me sale de los cojones” está muy bien, le da un toque de efecto al conjunto del texto increíble, pero, sintiéndolo mucho, está completamente fuera de lugar. Porque tú, Arcadio, no haces lo que quieres. Fíjate, ni yo tampoco, ni el amable lector que se digna a leer esto. No, no señor. Tú haces lo que crees que quieres, que es en realidad lo que quieren ellos. La publicidad es el arte de venderte como esenciales para tu día a día cosas absolutamente innecesarias. Y caes, como caemos todos. Pero eso sí, tienes la reconfortante sensación de hacerlo porque tú así lo has decidido, y no porque alguien te lo haya impuesto.

Por si esto no fuera poco, alegas que quieres fumar lo que te dé la real gana dónde quieras, que quieres comer hamburguesas de dos trillones de calorías, solamente por demostrar que eres libre de hacerlo. Pero, ¡ay Arcadio! Cuando lleguen los problemas, cuando el cáncer de pulmón te devore por dentro, cuando tu obesidad mórbida te produzca un letal infarto de miocardio… ¡ay! Clamarás, y seguro que clamarás, al cielo por una sanidad pública decente. Una sanidad pública que te cure de estos males que has contraído “porque te sale de los cojones”. Una sanidad pública que pago yo con MI dinero, y con el del lector, y con el de cuarenta y cuatro millones de personas más. Entonces, de seguro, escribirás otro artículo, lleno de declaraciones mordaces a la vez que sagaces, y declararás que es “injusto” que debas de esperar para que te curen porque haya demasiada gente en tratamientos, quirófanos y tanatorios, por exactamente eso. Por hacer lo que les salió de los cojones.

Eso sí, tranquilo. El vendedor es una persona buena y amable, que no busca sacar el máximo beneficio en su venta, que ni siquiera cuando vende a precio de saldo deja de ganar una brutalidad de dinero, que al fin y al cabo, deberemos estar agradecidos por “unas rebajas” que casualmente (:O) se realizan después de la época de mayor gasto económico, para que la gente que hace lo que les sale de los cojones siga comprando, y moviendo la gigante rueda del autodestructivo capitalismo neoliberal universal globalizador.

Dusher
Gijón

jueves, 10 de enero de 2008

Qué culto soy

El arte por el arte. Muchos cuadros juntos. En un edificio; su nombre: museo. Colas, entradas, detectores de metales, roperos. Dinero. Gente que paga por ver el “arte”. Los grandes autores. Se acercan, intercambian a lo sumo tres o cuatro palabras y se van. Cambian de cuadro. Se acercan, se alejan, leen el cartelito. –Estoy viendo arte –se dicen. Ego. Reconforta. Sensación de cultura. Clase media. Museo, cuadros… Dinero.

¿Qué nos pasa? ¿Es falta de educación? ¿Falta de principios? ¿No somos capaces de admirar el arte por gusto? La gente hoy por hoy va a los museos a lo que va, a aparentar. Como si el ir al museo del Prado o al Reina Sofía o a cualquier otro fuera no ya una convención social sino un espectáculo de bajo coste del que después se pueda hablar en sociedad. Es la cultura del “no me lo quiero perder”. Es una concepción efímera de la cultura que lo invade todo. Quiero ir, ver, estar, sentir antes de que… ¿Antes de qué? ¿Antes de que no me sirva para nada? Es incomprensible. Qué espera esta gente. Qué espero yo, que hago lo mismo que ellos. ¿Acaso me creo mas listo por llevar una libreta y apuntar como reacciona la gente? ¡Si yo reacciono igual! Yo soy parte de la masa. Una parte de la masa que observa al resto de la masa y anota su comportamiento masivo. Esa es mi actuación. No obstante, hay gente que no querría ir a esos sitios y sin embargo va. Y todo lo contrario. Es casi una cuestión del círculo social donde te encuentres. No vemos el arte antiguo de la misma forma que vemos el moderno. Entendemos el arte antiguo, o creemos entenderlo porque pensamos de aquella forma. El arte tiene la virtud de adelantarse a su tiempo. De ser un reflejo del futuro de una sociedad. Por eso yo veo Las Meninas y digo, anda ahí están, Las Meninas, qué bonito. Y eso se dice toda la gente. Un cuadro por encargo para una familia real. ¿Pero ahora? ¿Qué pasa con el arte actual? La gente no comprende. Yo, no comprendo. ¿Vivo atrapado en la cultura del siglo XVI?

También existe otro problema. En realidad no estamos preparados para entender el arte moderno. En un mundo sin sentimientos, qué nos puede ofrecer un trozo de tela con garabatos inconexos. A mi nada. La gente cultivada, aburguesada, suele disfrutar más del arte que la de clase baja. Tienen menos cosas de las que preocuparse, como por ejemplo vivir.

Párrafo nuevo. Veamos. ¿Por qué vamos a un museo? Si nadie fuera a los museos. ¿Iría yo? ¿Si me prohibieran entrar a los museos, protestaría? Si me obligaran a ir a los museos… ¿me negaría? ¿y que hay del arte callejero? ¿Es más arte un cuadro colgado en el museo que un graffiti? ¿O menos? ¿O el mismo pero menos valorado, o no valorado en absoluto? ¿Es el arte revolución? ¿Es el arte forma de expresión irreverente? El arte es trasgresor por naturaleza, intentar plasmar una realidad, un sentimiento.

Sí, creo que la concepción de arte ha ido cambiando a lo largo de los siglos. ¿De verdad Velázquez quería expresar algún sentimiento con Las Meninas? ¿Es ese cuadro menos arte que el Guernica de Picasso, pura expresión de rabia y dolor? Y sobre todo, ¿por qué somos tan cínicos? ¿No tenemos los seres humanos derecho al libre disfrute del arte? ¿Los artistas pintan para ganar dinero? ¿Por qué tiene más valor un trozo de lienzo con una firma que con otra? ¿No es el valor del arte meramente subjetivo? ¿Por qué se le pone un valor?

Pero es que esta no es la cuestión. ¿Entendemos un cuadro de verdad? ¿No deberíamos detenernos durante horas ante una pintura para estudiarla con profundidad y así poder entenderla?

Es un problema endémico. No puedo entrar libremente a ver el arte porque hay gente que entraría para llevárselo. Hay gente que entraría para llevárselo porque tiene valor. Tiene valor porque hay millonarios excéntricos y coleccionistas de arte y directores de museo que pagan millonadas por poseer determinado cuadro. Hay gente que paga millonadas porque… ¿por qué hay gente que tiene más dinero que otra?

¿Y si todos los cuadros fueran una copia? ¿Y si en ningún caso fueran el original? El caso es que nuestra percepción no cambiaria en absoluto porque no vamos al museo para adorar el arte, no nos interesa, no nos dice nada. La pintura ha perdido toda su capacidad de transmisión desde que está imbuida en el sistema. Está dentro y no puede ser transgresora. Por eso surgen los graffiti, el arte callejero. Como contestación, como nueva expresión del arte revolucionario.

El señor que mira un cuadro está alienado por cientos de miles de convenciones sociales y ve lo que quieren que vea, para que se lo cuente a quien quieren que se lo cuente y sea todo lo feliz que le dicen que sea.

Dinero.

Lo de siempre.

miércoles, 9 de enero de 2008

Moral

"Usted es libre, elija, es decir, invente. Ninguna moral general puede indicar lo que hay que hacer; no hay signos en el mundo. Los católicos dirán: sí, hay signos. Admitámoslo: soy yo mismo el que elige el sentido que tienen. He conocido, cuando estaba prisionero, a un hombre muy notable que era jesuita. (...) Este joven podía, pues, considerar que había fracasado en todo; era un signo, pero ¿signo de qué? Podía refugiarse en la amargura o en la desesperación. Pero juzgó, muy hábilmente según él, que era el signo de que no estaba hecho para los triunfos seculares, y que sólo los triunfos de la religión, de la santidad, de la fe, le eran accesibles. Vio entonces en esto la palabra de Dios, y entró en la orden. ¿Quién no ve que la decisión del sentido del signo ha sido tomada por él solo? Se habría podido deducir otra cosa de esta serie de fracasos: por ejemplo, que hubiera sido mejor que fuese carpintero o revolucionario. Lleva, pues, la entera responsabilidad del desciframiento. El desamparo implica que elijamos nosotros mismos nuestro ser. (...)

Lo que hay de común entre el arte y la moral es que, con los dos casos, tenemos creación e invención. No podemos decir a priori lo que hay que hacer. (...) El hombre se hace, no está todo hecho desde el principio, se hace al elegir su moral, y la presión de las circunstancias es tal, que no puede dejar de elegir una. No definimos al hombre sino en relación con un compromiso. Es, por tanto, absurdo reprocharnos la gratuidad de la elección."

El existencialismo es humanismo, J.P. Sartre.



Here's a little song I wrote,
you might want to sing it note for note,
don't worry, be happy.

In every life we have some trouble,
when you worry you make it double
don't worry, be happy.